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miércoles, 18 de octubre de 2006
“Hay dos cosas que llenan el ánimo de una admiración y reverencia siempre nuevas y crecientes, cuanto más a menudo y más prologadamente el pensamiento se detiene en ellas: el cielo estrellado por encima de mí y la ley moral que hay en mí.”
Immanuel Kant

 

Recien escuché la intervención de Gustavo Petro en el Senado de la República, en torno a las irregularidades dadas en el proceso de negociación que el Gobierno Colombiano está teniendo con las Autodefensas. Es preocupante lo que presenta este excelente Senador colombiano, la problemática de la violencia pareciera tener a la sociedad colombiana en un sangriento y demencial callejón sin salida.

Si bien el Senador Petro presenta como alternativa un ejercicio de justicia reparativa, parece también, por lo que se puede concluir de su intervención, que la sociedad colombiana no cuenta con las instituciones capaces y dispuestas para la realización de una tarea de tal naturaleza.

Habrá quien hable de lo desafortunados que somos los colombianos, pero hay que tenerlo claro, es lo que hemos construido con nuestro ejercicio ciudadano. Estoy cada vez más convencido de que la circunstancia que nos agobia tiene causas y determinantes no exclusivamente colombianos, sino que corresponden a los de una especie delirante, que ha perdido su capacidad de volar alto para quedar atrapada en el barato y narcotizante sueño del consumo compulsivo, mientras degrada el mundo que lega a las generaciones futuras.

Se requiere una revolución del espíritu, una revolución del sujeto, que favorezca la emergencia de un ser humano que comprenda y asuma el sentido de su presencia en el juego de la vida, que sea consciente de su reponsabilidad por la huella que deja a su paso por el mundo y que supere el heroismo protagónico que sólo brilla en la pasarela mediática, para asumir un compromiso cotidiano con la transformación del “establecimiento” que cada cual encarna en la cotidianidad de su existencia.

Ante el enriquecimiento desbordado de los macabros paramilitares que denuncia el Senador Petro, sólo cabe enfrentar un enriquecimiento del sujeto humano que garantice la emergencia de una ciudadanía comprometida con la construcción de una auténtica civilidad democrática.

En tiempos de “la sociedad del conocimiento”, estar a la altura de la riqueza y belleza de nuestra geografía, exige el desarrollo de una capacidad de comprensión de nuestra propia naturaleza, sólo posible en un clima de auténtica libertad; cada uno debe conquistarla para sí, buscando además, construir complicidades en función de un mismo objetivo: habitar colectivamente nuestro territorio de manera inteligente y vital, de modo que garanticemos la calidad de la vida para nosostros y para las generaciones futuras.

Por eso creo que vale la pena evocar la gran sensibilidad de Kant al enuciar dos cosas que deberían conmover nuestro espíritu: “el cielo estrellado por encima de mí y la ley moral que hay en mí.”

Commentarios
nada más
Escrito Por: Riquiu el 2007-01-13 16:27:59 IP: 190.24.232.22
es comprensible lo que siente, igual lo siento, la vida deberia ser para aprender y ayudar a los demás, pero hay personas que se creen unicas y ven que viven sobre gente, creyendose más que los demás. ojala algún día se pueda cambiar esta forma de pensar de muchos y hacer una sociedad realmente bella, aunque la belleza seria relativa en ese punto. 
Escrito Por: Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesitas tener Javascript activado para poder verla el 2006-11-03 13:01:49 IP: 200.93.129.140
Hola profe, estoy completamente de acuerdo, la revolución es interior, pero que dificil es; pareciera que hubieran fuerzas ocultas tratando de impedirlo. Que distinto seria el mundo si en vez de tratar de ver los defectos de los demas y exigirles cambio lo hicieramos en nosotros mismos. En relación con los Nukak, la verdad es un hecho que duele. Suerte
Escrito Por: Kkienn el 2006-10-26 02:36:07 IP: 87.17.216.7
"Los soldados son herramientas de violencia, temidos por todos; 
El sabio no los empleará. 
Su propósito es la creación; 
El de ellos es la destrucción. 
 
Las armas son herramientas para la violencia, no para el sabio; 
El las usará cuando no hay otra elección, 
Pues valora la paz y no se deleita en la conquista. 
 
Pues quien se deleita en la conquista 
Se deleita en el sufrimiento de los hombres; 
Y quien se deleita en el sufrimiento de los hombres no puede controlarlos. 
 
Los que matan en la guerra deberían llorar 
Y celebrar la conquista con un funeral".  
 
Tao te Ching (el libro del tao), Lao Tse 
 
Bentornato, Lucho


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