La inteligencia animal, fruto evolutivo y emergente del juego del cazador y de la presa, deviene en humana, gracias al recurso de la palabra. El lenguaje humano y el de la vida, el ADN, los dos únicos con "doble articulación", en la naturaleza, son además registrables en escritura que sobrevive los tiempos y permite acumular innovaciones pertinentes.
El mundo de la vida es un mundo de señales y signos a leer e interpretar para decidir las acciones que garanticen la supervivencia en condiciones de autonomía y bienestar.
Cualquier organismo vivo, en especial animal, requiere de algún sistema de registro y representación, que permita percibir y procesar las impresiones del entorno, para decidir la acción; registrado, en el reino animal, en su mayor parte, en el código genético; siendo éste, además, determinante de lo que se transmite en la crianza.
El animal humano, además del privilegio de poseer el conjuro de la palabra, que registra el acumulado de la experiencia y la comprensión humana, cuenta con la libertad de decidir los objetivos y alcances de la crianza y la educación.
En todo espacio de interacción humano existe la posibilidad de favorecer el desarrollo de actitudes, aptitudes, hábitos, competencias, conocimientos y creencias, que contribuyan a la formación de un ser humano integral y competente para desempeñarse, de manera responsable y vital, en lo familiar, laboral, comunitario, social y global.
La educación y la crianza, giran en torno al desarrollo de la capacidad para leer sistemas de signos y señales, que de manera permanente y continua, ofrece el entorno vital.
La familia, primer espacio comunicacional del sujeto humano, puede y debe hacer mucho por el acceso al lenguaje y la calidad de la comunicación operante en la construcción de lo común y de lo público. Dos años es la edad en que suele emerger la palabra, los padres podrían llevar registro fechado y comentado, de las palabras que van apareciendo en el lenguaje de sus hijos, lo que podría ayudarles a conocer y comprender la forma como el mundo, gradualmente, se devela para ellos.
Se pueden clasificar por procedencia, distinguiendo cuáles provienen de los medios, cuáles de las aulas, de la calle o de otras fuentes posibles; también por lo que denotan o inquieren. Es importante estar atentos a las preguntas, develadoras del mapa cognitivo en construcción, siendo las respuestas, oportunidad de construir lenguaje y fortalecer la comunicación.
En trabajo con la comunidad familiar de Miguel (dos años), cuyos padres se han detenido en abrapalabra y propuesto un diálogo que ha motivado esta reflexión, hemos, en sesiones coloquiales y lúdicas, elaborado un listado para un posible mapa de clasificación y registro, donde aparecen estados de ánimo, nombres de cosas, de animales, de alimentos, de partes del cuerpo, colores y formas, entre otras.
Ha sido divertido recrear algunas palabras con la mímica, el verso, el canto y el dibujo. Este último, de alguna manera, conduce a la escritura.
Trabalenguas, adivinazas y chistes en torno a la comunicación y las sutilezas del lenguaje, son estimulantes ojalá presentes en la cotidianidad de la educación y de la crianza.
Miguel Antonio Caro, a quien alguna vez le preguntaron por la diferencia entre “estar dormido” y “estar durmiendo”, respondió: La misma que entre “estar jodido” y “estar jodiendo”.
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