luis fernando ramírez barrero
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Contra la academia E-Mail
lunes, 19 de junio de 2006
Vale más una cabeza bien puesta que una cabeza repleta.
Montaigne
 
Reconociendo la importancia del papel jugado por la institución educativa, en el cuidado y enriquecimiento del legado cognitivo de la humanidad, abrapalabra considera necesario develar debilidades y carencias que hacen de la perspectiva académica, causa determinante del desafortunado mundo que hasta el momento hemos construido y legamos a las generaciones futuras:

  • La academia está determinada desde estructuras de poder que, por su adicción al control, constriñen en exceso las posibilidades de realización de quienes participan en la interacción educativa; constituyéndose así, en pesado lastre para las dinámicas de cambio y, en consecuencia, en factor entrópico para la evolución humana.
  • Concebida desde una racionalidad, cada vez más tecnocrática, reduce su labor a un “formateo” para la incorporación del ser humano en los procesos, cada vez más maquinales, del mundo de la producción y el mercadeo de bienes y servicios. Se promueve así un “pragmatismo” que reduce al ser humano a entrepierna y bolsillo.
  • La asimetría de la interacción educativa constituida a partir del supuesto de que sólo debe crecer el alumno, construye una estructura de autoridad y poder fuertemente determinada por la pulsión sojuzgante dependiente, generadora de una naturaleza humana sumisa e insegura, que nutre y fundamenta una perniciosa pirámide de poder que parasita de manera cada vez más depredante y entrópica la naturaleza y la vida.
  • La academia fragmenta al ser humano en tres: el sapiens, el faber y el ludens, negando la posibilidad del juego en la mayoría de sus espacios y momentos y, excluyendo, aparte de casos excepcionales, la posibilidad de coexistencia de la interacción educativa con la producción y la generación de ingreso. Produce, en consecuencia, profesionales ignorantes de lo que ocurre más allá de la “artificialeza” de las aulas, incompetentes para encontrar, por sí mismos, su lugar en el mundo, dependiendo exclusivamente, de la incorporación en un puesto de trabajo ya existente.
  • El maestro de aula, “dictador de clase”, tiende a hacer sentir que su materia sólo la entienden él y unos pocos, lo que constituye un mensaje fuerte para que el sujeto decline la posibilidad de lograr el conocimiento que le permita construir un lugar de mirada con la transdisciplinariedad necesaria asumir autónomamente la existencia.
  • Las naturales dificultades que ofrecen algunas disciplinas escolares a algunos estudiantes, no es reto pedagógico para “el establecimiento”, sino ocasión para discriminar y reducir el sujeto humano a un ámbito de especialista, donde, narcotizado por los halagos de un consumo que le consume, renuncia a la comprensión desde sí, de su mundo y su circunstancia. Esto genera incertidumbres y temores que le colocan a merced de una cada vez más lejana y kafkiana esfera de poder autoritaria y, fundamentada en sujetos políticos y sociales dispuestos a colocar en segundo plano el valor supremo de la libertad, a cambio de falaces promesas de seguridad.
  • Al interior de las aulas se da una simulación que pareciera determinada por un pacto implícito: “ustedes hacen los que aprenden y yo hago el que enseño”, colocando en segundo plano lo esencial del ejercicio de educar y poniendo el acento en lo formal y lo procedimental.
  • En la insitución educativa, se constituye un espacio de interacción económica donde quien paga, a menudo se encuentra haciendo lo posible para ser estafado; tanto padres como estudiantes, narcotizados por “la nota”, inventan astucias para que el conocimento transmitido sea mínimo.
  • Cuando culmina alguna de las etapas del proceso educativo formal, se da un ritual en el que quienes participan (padres, alumnos, maestros y directivas), son conscientes de que ninguno de los “graduados” posee los conocimientos y competencias que la “ley” exige para tal reconocimiento, sin embargo todo el mundo se hace el pendejo. Se constituye así, en dicho rito, un espacio fundacional y fundante de “la corrupción” que los políticos dicen perseguir.

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