|
Los hallazgos fósiles y la investigación paleoantropológica, realizados en Africa por Louis Seymour Bazett Leakey (1903 -1972), junto con su esposa Mary Douglas Leakey (1913 – 1996), hoy continuados de manera sobresaliente por su hijo Richard, permiten una mayor comprensión del proceso de hominización. Nuestros ancestros se remontan a diez millones de años atrás y el proceso muestra un gradual crecimiento del cerebro, hasta llegar a los mil quinientos centímetros cúbicos del sapiens contemporáneo.
Los estudios comparativos de biología molecular, realizados por Svante Pääbo, del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva de Leipzig (Alemania), establecen que la diferencia entre el genoma humano y el de el chimpancé, nuestro pariente genético más cercano, no pasa del dos por ciento y se focaliza, en buen grado, en el cerebro y su uso.
De alguna manera se confirma lo planteado por Edgar Morin en “El paradigma perdido”, cuando dice que el proceso de hominización no es más que un proceso de cerebralización, no simple, por supuesto, pues es fruto emergente de una dialéctica compleja pie-mano-cerebro, que se da en el marco de un amenazante cambio ecosistémico, generado por un cambio climático que reduce el bosque y obliga al homínido a enfrentar los retos y amenazas de la expuesta e insegura sabana.
Cuatro componentes convergen para dar origen a la antropogénesis: una transformación genética que produce el bipedismo, un cambio ecosistémico producto del cambio climático, el desarrollo del lenguaje y la cultura que estimulan y enriquecen el cuarto comomponente: el crecimiento y complejización del cerebro, actor protagónico en y fruto de la aventura del conocimiento.
El acumulado por tal aventura constituye un capital cuya complejidad es, hoy en día, un reto pedagógico para el relevo generacional.
Siendo así, es objetivo de una pedagogía y didáctica de la crianza y, en consecuencia, responsabilidad de los padres, asumir el conocimiento que ha sido reducido artificiosamente al aula, para asimilarlo y reformularlo en familia y en comunidad, de manera que se replantee en función de problemas fundamentales de la existencia cotidiana y contribuya así a la construcción de un lugar de mirada, que permita asumir con mayores grados de certidumbre, las incertidumbres de la aventura de la vida. Ejes y motivos estructurantes, para un proyecto de construcción de conocimiento en familia o en comunidad, pueden ser: el cuerpo, la vivienda, la familia, el barrio, la comunidad, la sociedad, la ciudad y la región, entre otros.
Todos asumibles en las dimensiones de lo físico, lo biótico y lo antrópico, deviniendo en el tiempo, en una coderiva colectiva que acaece sin el control de ninguno de los coderivantes, sino determinada por el azar que gobierna todo lo que es, desde la partícula y el átomo, hasta el cosmos. Tiene sentido la sistematización, registro y análisis de la información pertinente sobre los procesos que se dan en cada una de las instancias y dimensiones propuestas, de manera que se cultive la curiosidad, la observación, registro y análisis del acaecer de la existencia de sí y del entorno.
Powered by AkoComment! |