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Los cinco desencuentos E-Mail
jueves, 01 de junio de 2006
Dicha ya la importancia que abrapalabra reconoce a la construcción de lo social, debo señalar cinco desencuentros que, a mi modo de ver, dificultan el logro de este propósito:

1. El sexual o de género. Ya en Troya se hace evidente lo que puede ocasionar una travesura de eros.

Tema vedado por la moralina imperante en la cultura. La academia, con gran responsabilidad ante el mismo, lo desconoce, niega y elude, para incluirlo sólo formalmente, porque hay programas que lo exigen, en una muy académica clase de educación sexual, que a menudo semeja un curso de natación sin piscina.

Me aventuro a decir que este desencuentro tiene que ver con  una eventual inseguridad e incompetencia masculina para el juego sexual. Hay cosas que aprende uno de viejo, importantes de compartir con los jóvenes, para aportar a una evolución vital de nuestra especie.

Bastaría que en la clase de educación física, que debe estar conectada con las otras disciplinas, se asumieran, desde tempranas edades, temas como el automasaje respiratorio, la construcción de visceralidad y el control consciente de los músculos urogenitales.

El objetivo de la clase de educación física no es ganar campeonatos sino construir corporalidad y medicina preventiva.

2. El generacional, con gran desperdicio de potencial evolutivo del “relevo generacional”, debido a que la función educativa ha sido reducida a las “mazmorras” de la institución educativa o abandonada en la ambigüedad y liviandad de lo mediático, desconociendo las posibilidades educativas de los otros espacios de la cotidianidad de la existencia.

En toda organización social (familia, empresa u otra), hay interacción entre diferentes generaciones; es necesario asumir a consciencia y de manera inteligente en todos los ámbitos de la vida social los dos horizontes del relevo generacional: recibir de quienes nos han precedido y legar sin imponer, con la disposición de aprender de jóvenes y niños.

3. En “el juego de clases” que “la lucha de clases” ha conducido a un juego poco vital, convirtiendo “el sueño” en pesadilla, es necesario tener presente que tanto ricos como pobres, tenemos hijos, nietos u otros menores que nos llegan al alma, ante quienes somos co-responsables del mundo que legamos, lo que exige el saneamiento de la “deuda social”. El enemigo es la pobreza en todas sus formas.

Es imaginable una pareja de clase media urbana, en noche de viernes a sábado, desvelados de madrugada, sufriendo porque el adolescente, que ya no pueden tener amarrado en casa, anda rumbeando por esa ciudad que nos quedó grande, que no hemos logrado construir como un hogar común, pues no la habita una sociedad vital, sino una montonera de avivatos.

Alguien, tratando de sustentar barbaridades, recientemente citaba la siguiente frase: “si los ricos están bien, los pobre también”. Imposible, los ricos nunca estarán bien, el apetito por el dinero es en ellos insaciable, siempre querrán más del que tienen, por lo que nunca estarán bien, en eso consiste su pobreza.

Propongo otra frase: La seguridad de los ricos se fundamenta en el bienestar de los pobres.

4. El religioso, causante de la maniquea polarización de terror que vive el mundo y agravia a diosas, dioses y estrellas que dicen venerar.

Es importante diferenciar entre las creencias, determinadas por la manera como cada cual asume, libremente, su propia espiritualidad, y el conocimiento, juego social en el que construimos una representación que nos permita operar con algún grado de certeza en el mundo.

Lo espiritual es asunto personal y, en consecuencia, lo religioso una libertad que debe garantizar la democracia; mientras que el conocimiento debe ser sometido a juicio público, en especial, en tiempos en los que ha devenido en mito casi religioso, cuyos dogmas se definen, cada vez más, desde lejanos y kafkianos centros de poder.

5. Entre la tecnosfera y la biosfera , la primera fruto de la noosfera, donde se hace necesario pensar el conocimiento con el que estamos operando y la manera como lo estamos pensando.
 
La huella que dejamos a nuestro paso por el mundo, hasta el momento, no nos deja bien parados; la ciencia y la técnica que hemos producido, en lugar de hacernos más felices, es factor de sojuzgamiento y explotación del ser humano y su impacto, sobre las posibilidades de la vida, hace del devenir de nuestra especie un demencial proceso autodestructivo.

El modelo cognitivo con el que estamos operando no es viable, se requiere de una revolución en el plano de las ideas, en los modos de pensar, que pasa por la tarea de hacer del conocimiento un asunto de dominio público. No puede seguir siendo reducido al aula o a la academia, hay que nutrirlo y revitalizarlo, asumiendo su pertinencia en la cotidianidad de la existencia.

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