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 Todos los mitos, tanto religiosos como científicos, han visto, en el origen, el caos. Según la teoría del big bang, este Universo nace hace trece mil ochocientos millones de años, con la explosión de una nube cósmica de fotones. En el seno y como fruto de un desordenado y complejo proceso de expansión y enfriamiento caótico, emergen las partículas: los protones, electrones y neutrones; primeros seres de este mundo, en el que acaece nuestra existencia. Las partículas, en deriva caótica y gracias a las interacciones que produce el desorden y el azar, se encuentran y articulan dando origen a la primera organización que surge en este Universo: el átomo y, con él, el primer orden: el físico. En el marco de éste, en el que aún prevalece el caos y justamente gracias al mismo, los encuentros aleatorios entre átomos producen las moléculas y macromoléculas, nuevas formas organizacionales que constituyen un orden nuevo: el químico, un desarrollo complejo del orden físico. Dichas moléculas, en el caos y la turbulencia del "caldo prebiótico", se articulan dando origen, hace cuatro mil millones de años, a la célula, organización fundamental y fundante del juego de la vida.
Ha emergido así el orden biótico, en el que, una maravillosa complejización hace posible la conquista del movimiento por parte de los celentereos, quienes en dicha jugada "inventan", hace mil millones de años, el sistema nervioso y muscular, en adelante fundamental para todo organismo animal. El proceso continúa hasta producir la maravillosa y sensible máquina mamifera del antropoide, que ya prefigura el lenguaje, las formas de organización social, la elaboración de artefactos y la cultura, que son base y fundamento del producto más inteligente y complejo de dicho proceso: el animal humano. La señal de la cosmogénesis lleva a concluir que lo que sigue es la articulación de los sujetos humanos, para la constitución de un nuevo orden: el orden social y de especie que garantice un habitar inteligente de la Tierra. De acuerdo con lo acaecido hasta el momento, se puede inferir que tal orden supera en complejidad a los anteriores, por lo que debe ser la emergencia global, fruto de la realización libre y vital, de lo que en potencia hay en los sujetos que lo constituyen: los sujeto humanos.
En virtud de la Hipótesis Gaia, que señala que cada ser viviente cumple una función específica en la constitución de ese gran organismo vivo que es Gaia, la Tierra, se infiere fácilmente que la función del animal humano es constituir el cerebro y la inteligencia terrestre, de manera que se garantice que la aventura de la vida continúe en ella. Quizás Gaia en su inteligencia, nos haya amontonado en las ciudades buscando lograr el encuentro de unos con otros, para favorecer así la emergencia de dicha inteligencia. Es una de las muchas sugerencias de un dicho ambiental que dice: “cuidemos las ciudades que los montes se cuidan sólos”. En fin, la tarea es construir un orden social, es decir unas formas de vida individual y colectiva que garanticen una armonía con nosotros mismos, con la naturaleza y la vida. Para eso es la inteligencia humana y el encuentro urbano.
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