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El juego de la vida E-Mail
sábado, 13 de mayo de 2006
El peligro que todos compartimos es convertirnos en el perro de Pavlov: nuestras glándulas reaccionan cada vez que suena la campana. Y la sociedad está llena de campanas...
John Briggs y F. David Peat
Las siete leyes del caos

La vida es el juego que articula todos los juegos, generados por la necesidad y el deseo de sobrevivir, de ganar el afecto y de conquistar la seguridad, el bienestar y el placer.

Un sujeto sólo, está demasiado limitado para lograr estos objetivos; necesita articularse con otros para que en virtud de las emergencias que hacen sinérgico el encuentro, se produzcan organización social y sociedad que favorezcan las condiciones para lograrlo.

El acceso a la dimensión de lo social requiere de la comunicación, se fundamenta en la palabra.

La circunstancia presente de nuestra especie y, de manera particular, la de mi sociedad, llevan a la necesidad de detenerse en tres palabras, cuya interpretación puede estar afectando la autonomía del sujeto y la vitalidad del tejido social y humano: “autoridad”, “seguridad” y “orden”.

La “autoridad”, a mi modo de ver, se fundamenta en el hecho de ser “autor” de cosas que tienen sentido para el otro; en consecuencia, nadie puede imponerla, ésta sólo surge del reconocimiento.

El sujeto, para garantizar su condición de tal, debe, en la definición de lo político, desarrollar su capacidad para discernir al otro, de manera que sea inteligentemente selectivo al reconconocer autoridad y delegar poder.

Es importante fundamentar la legitimidad de las instituciones sociales en la constitución de una autoridad que opere en función garantizar la vitalidad del tejido social, es decir, de proveer las condiciones para la realización de todas y cada una de las personas, lo que exige la constitución de las mismas como verdaderos sujetos.

La búsqueda de la “seguridad”, una de las necesidades fundamentales en el juego de la vida, implica el riesgo de no comprender éste como la aventura que es, en la que nada es seguro, excepto la muerte.

La vida se da entre cero y cien grados por ser la temperatura a la que el agua fluye, pues en ella todo es fluir.

Hay que superar el apego a las posesiones, que vinculado con el miedo, hace más adictiva la dependencia frente a ofertas que fundamentan demasiado la existencia en el afuera, privilegiando lo exógeno sobre lo endógeno, lo que no permite la constitución del sujeto.

El ser humano, para lograr algún grado de seguridad en este mundo inseguro, debe fundamentarse en lo que tiene en su cabeza, su corazón y su estómago; además blindarse con una estructura de "anillos" constituida por las organizaciones sociales a que pertenece y, trabajar por la construcción de un cuerpo social competente para habitar el territorio de manera soberana, en armonía con la naturaleza y con la vida.

Es necesario comprender que donde más vida hay, la selva o el bosque por ejemplo, es más probable que haya alguien abriendo la boca para comerse a otro. Heráclito decía “vivir de muerte, morir de vida”, abrapalabra insiste en ver la vida como aventura, pues sólo asumida como tal, puede ser bella y sabrosa.

Finalmente, la noción de “orden”, lleva a recordar una pregunta fuerte que surge una vez puesta de presente la entropía y enunciada su Ley, a mediados del S XVIII: ¿Cómo hace la vida para violar dicha Ley?

Evidentemente, no obstante que por ésta todo tiende al deterioro y al caos, la vida a través del tiempo y de los tiempos ha navegado en dirección contraria, logrando constituir organizaciones cada vez más complejas, como los organismos y los ecosistemas.

La respuesta a esta pregunta pone de presente cómo “el truco de la vida” está en la capacidad del ADN para almacenar y reproducir información.

Pero además hace evidente, que no sólo la biogénesis navenga en dirección contraria a lo que establece la Entropía, sino que toda la cosmogénesis, nacida del caos, desde el primer átomo hasta la constitución de la mano y el cerebro humanos, acaecen violando dicha Ley, mediante una estrategia neguentrópica en la que el orden se nutre del desorden, para construir y mantener organización.

A menudo se llama desorden el orden no visto, como sucede con el habitante urbano que en lo rural todo le parece sucio y desordenado. La “artificialeza” debe respetar el orden natural, pues de éste emerge y depende.

El ADN, de cada sociedad y de la especie, están registrados por los lenguajes y la cultura, debemos cuidar de ellos para cuidar de nuestra humanidad.

Me parece oportuno recordar algo que decía mi abuelo: “Hay que ser tranquilo en el peligro y peligroso en el sereno”. Dejemos a los guerreros hacer su guerra en paz y dediquémonos nosotros a nuclear civilidad, única manera de aproximarnos a la utopía de la paz.

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