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Alguien me pregunta, con tono de reclamo: ¿Porqué “animal humano”?¿Porqué en mis textos insisto en tratar así al ser humano? Debo decir, en primera instancia, que estoy asumiendo lo propuesto por Edgar Morin, en “El paradigma perdido”, quien como ya he dicho, está muy presente en la construcción del pensamiento que trata de expresarse en abrapalabra. En este texto, Morin crítica la ruptura que se hace entre la naturaleza y la cultura, siendo la segunda algo así como un excluyente club de arribistas, que una vez bajados de los árboles y, con el enderezamiento de la columna, niegan ancestro y parentela. Es necesario recordar que somos un desarrollo del mundo animal, fruto de la libertad que poseemos de autodeterminarnos. Es importante tener presente que somos la especie a la que las deidades de la vida han, al parecer, delegado la responsabilidad de cuidar de sí y del mundo, que tenemos la libertad de direccionar nuestro proceso evolutivo. Esto a menudo lo olvida un sujeto que cree estar en el mundo sólo para llenarse los bolsillos de dinero y, en consecuencia, deja su logro más elevado, la espiritualidad, a merced de la entropía de unas “sociedades” que se consumen, de manera suicida, en el “ciclo límite” de su estupidez colectiva, dependiente y sumisa. Es razón suficiente para sentir la necesidad de recordar que somos un animal, pero también para recordar que tenemos la libertad de trascender tal condición.
Lo que se infiere, del hombre y su sociedad, a partir de lo que se ve en la calle y en los noticieros, lleva a ser pesimista sobre el manejo que estamos haciendo de dicha libertad. También cuando me observo a mí mismo, eventualmente me preocupo, viendo al “yo” maltratar el “mí” con su egomanía y autocomplacencia de sibarita incontrolable. Ay, qué débiles somos ante este mundo tentador, qué delicioso puede ser el pecado y qué ricos pueden ser los placeres de la vida. El placer, el logro más elevado y peligroso del juego de la vida; hay que conocer muy bien su medida, cuando se pasa el límite, viene el displacer. Surge Epicuro en la memoria: “Sabiduría consiste en saber mantener la mayor cantidad de situaciones de placer.” Es una postulación abierta a multiplicidad de interpretaciones. Algunas conducen a una vida deplorable y suicida. Otras llevan a recrear nuestra sensibilidad curioseando y recreando el mundo, surgiendo así las artes y las ciencias; creo, es por allí, el sendero hacia lo humano.
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