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Nace el mismo año que muere Galileo y culmina la “revolución científica” iniciada por éste, que determina de manera fundamental y radical el mundo hasta nuestros días. No se puede descifrar la entelequia del poder contemporáneo sin comprender la obra de Galileo y Newton. Galileo propuso la matemática como el lenguaje de la naturaleza y el método experimental para observarla. Newton se lo tomó en serio. Cautivado por la lectura de Euclides a sus dieciocho años, se había procurado para sí una excelente formación matemática, era el indicado para la tarea.
El universo propuesto por Galileo, necesitaba una estructura que lo sustentara. ¿Qué mantenía a la Tierra, en su trayectoria, en torno al Sol? Newton develó la estructura, la fuerza que mantiene a la tierra girando en torno al sol sin venirse “abajo”, es la misma que hace que una manzana caiga; a las dos las sustenta la Ley de la Gravitación Universal. Esta ley dice que entre dos cuerpos cualesquiera, en este caso el Sol y la Tierra, se da una fuerza de atracción que depende de las masas de los dos cuerpos y de la distancia que los separa. A mayor masa mayor fuerza y, a mayor distancia menor fuerza. Por el momento dejémosle así. Si Usted quiere profundizar, abra Google y busque esta Ley, con seguridad la encuentra en español. La Ley de la Gravitación Universal no solo sostiene el universo de Copérnico y Galileo (nuestro sistema solar), sino que además permite descubrir un nuevo planeta, Neptuno, gracias a los cálculos hechos por Laplace, con aplicación de la Ley de la Gravitación Universal. Newton, además, hace grandes aportes a la matemática, como el conocido Binomio de Newton y su análisis de “fluxiones” con el que disputa, con Leibniz, la autoría de la creación del, hoy muy usado y conocido, cáculo de derivadas. En fín, después de Galileo y Newton, queda definitivamente superada la mentalidad medieval. Con la publicación en 1687 de los “Principia Matemática” de Newton, se ha consolidado la Revolución Científica que va a generar la Revolución Industrial, que eclosiona cerca de cien años después con la máquina de vapor de James Watts.
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