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Es tarea esencial del animal humano, en este momento de su devenir, como ya se puso aquí de presente, pasar del “yo” al “nosotros” , construir lo social. El sujeto humano debe acceder a su dimensión social, es decir, tener presente la existencia de ese fruto que emerge de las interacciones entre las personas y que a su vez es espacio que, de alguna manera, le provee condiciones para su realización: la organización social. Son organizaciones sociales la familia, la empresa, el grupo juvenil, musical, deportivo, entre otras. Surgen por la necesidad de resolver problemas, satisfacer necesidades o realizar anhelos, que un grupo de sujetos sienten y reconocen, como comunes. Allí se constituye la dimensión de lo común, que se construye mediante la comunicación. Creo que es Habermas quien dice que cada vez que nos comunicamos tejemos sociedad. La construcción de organización requiere un tipo especial de sujeto, motivado y competente para acceder a su dimensión social, es decir para articularse con los otros, en la construcción de “organización vital”. La sociedad es el resultado emergente de las interacciones entre todas las personas y las organizaciones sociales que habitan un territorio. El estado es el aparato que crea una sociedad, para garantizar su operar de manera vital, es decir, para habitar el territorio, de una manera eco-sostenible, autónoma y soberana, en función de los intereses y anhelos reconocidos y legitimados desde la mismidad del tejido social. La vitalidad de una sociedad se fundamenta en la vitalidad de quienes la constituyen: personas y organizaciones sociales. Son, desde esta persepctiva, en consecuencia, dos los motivos de reflexión para una pedagogías social:
- La caracterización de sujeto y organización vitales.
- La estrategia, medios y modos de lograrlos.
Todo empieza en el sujeto, pues toda organización es fruto de la articulación de sujetos. Es, en consecuencia, la búsqueda de abrapalabra: ¿Qué es un sujeto vital? ¿Cómo lograr serlo?
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