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Sujeto revolucionario E-Mail
domingo, 09 de abril de 2006
La historia humana, en el presente, amenaza con ser acelerada, turbulenta, truculenta y rabiosa. Habitar a cabalidad la existencia, en el mundo contemporáneo, exige la constitución de un sujeto humano muy especial, un ser auto-céntrico, con fortaleza, auto-liderazgo, auto-nomía, comprensión, claridad, coherencia y consistencia, para navegar en caudales en equilibrio turbulento inestable.

Los pescadores en rio revuelto son, los que hasta el momento, han pelechado de la circunstancia y han tomado una ventaja perniciosa. En el tejido humano se han constituido concentraciones de poder y riqueza, que no son ni democráticas, ni democratizantes; pero que sí, de alguna manera, son factor determinante de la violencia que prevalece en la vida social.

El tejido humano mundial está operando de una manera que genera, como emergencia global y local, una organicidad social y pública, que funciona como lo haría nuestro cuerpo, si el corazón y el hígado se amangualaran, para acaparar toda la sangre.

La especie tiene clase dominante más no dirigente. Les cabe el mundo en el bolsillo, no en el alma.

Escuché alguna vez la historia de un “pensionado”, de su oficio de toda la vida: ser presidente de su banco; uno de esos bancos con nombre que articula el de dos naciones, una desarrollada y otra sudesarrollada; en el momento de la narración el personaje vive en la capital de su país, que no es el desarrollado, en el último piso del edificio donde se encuentra la oficina principal del mencionado banco; todos los días, a primera hora de la mañana, para que el señor no se aburra, le suben un buen talego lleno de billetes (deben ser dólares), para que cuente dinero mientras ve televisión.

Hay gente que no produce un calzoncillo, no mete un gol, no hace una canción, no crea un poema; sólo saben contar billete y están cobrando caro por hacerlo; viven de cobrarle peaje al dinero, son adictos a él y se han dedicado a acumularlo.

En el cuerpo social, como en el humano, las acumulaciones excesivas son perniciosas y peligrosas. Es necesario y urgente la instauración de dinámicas redistributivas y democratizantes, en todas las instancias del tejido humano: la familia, la comunidad, el vecindario, la sociedad, la ciudad, la academia, los medios, entre otros.

Cada persona tiene como responsabilidad hacer despliegue de todo su potencial y riqueza, para ponerse al servicio de su vida y de la vida, pues su realización sólo es posible, siendo consciente de su codependencia con la totalidad de la naturaleleza, lo que por supuesto incluye su sociedad. Debe saber cuidar de sí y nutrirse de su mismidad, para minimizar las dependencias, de modo que logre una individuación que le permita trascender el individualismo, de manera que pueda acceder a la dimensión de sujeto social.

Sólo mediante la constitución de sujetos autónomos, libres e independientes, se constituye, en la base social, los fundamentos para la construcción de una institucionalidad pública democrática, vital y justa, que garantice que las sociedades habiten sus territorios de una manera soberana y ecosustentable, a nivel local y global.
 
El sujeto humano no puede seguir ubicando las fuentes y centros de poder en el “afuera de sí”, pues así lo que hace es nutrir el poder que le sojuzga.

Hay unos muñecos de inflar que coloquialmente llaman “borrachos”. Si uno los patea se bambolean un poco, pero al final se paran sólos. ¿Qué les da esa estabilidad? El peso que tienen en la base. Tal vez esto ilustre el problema: Lo construido hasta el momento, está poniendo el peso arriba, lo que produce como resultado algo aplastante.

Se requiere que el sujeto se libere a sí mismo. Sólo él puede hacerlo, cualquier otro (debe tenerlo claro, es parte del juego de la vida), está dispuesto a sojuzgarle. Pero, también es cierto que, es el encuentro con el otro, en condición de par, lo que libera.

Es, en consecuencia, deseable la emergencia de un “sujeto revolucionario”; hay que hablar de él, prefigurarlo colectivamente para buscarlo en cada uno de nosostros. Por el momento recordemos algo tal vez dicho por Benedetti: “Límpiese bien la jeta, cuando diga Revolución:”

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