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La familia educativa E-Mail
lunes, 27 de marzo de 2006
Por un misterio profundo que vedado al hombre está,
desde el inicio del mundo, uno viene y otro va.
José Selgas

Ante los hijos se tienen dos responsabilidades: 1)Educarlos para que desarrollen las competencias necesarias para encontrar un lugar en el mundo y saber ser felices en él; y, 2)Dejarles un mundo donde sea posible encontrar un lugar.
 
Esto hace de lo educativo y de lo político, ámbitos de responsabilidad ineludible frente a los hijos.
 
La institución formal (jardín, escuela o colegio), no exime de la primera a la familia. En este juego de relevo generacional que es la vida los padres, junto con la academia y la sociedad, son corresponsables de transmitir el legado humano.
 
Hay que tener siempre presente que en la crianza, en buen grado, se decide el destino de los hijos.

La impredecible complejidad del juego de la vida hace que no haya receta que valga; pero algo se puede decir al respecto, con el ánimo de motivar la reflexión.

La educación es un asunto de clima, los padres deben generar uno que fovorezca hábitos y actitudes vitales, para el cuerpo, la emocionalidad y la mente.
 
En tiempos en que se dice que vivimos “la sociedad del conocimiento”, la familia debe favorecer el desarrollo de actitud científica, caracterizada por la curiosidad, el rigor, la honestidad, la persistencia, la paciencia y  la humildad.

Es importante considerar el proceso de crianza inscrito en otro mayor, en el que somos efímeros y pareciéramos secundarios: la aventura humana.

Nuestra especie, ha acumulado un legado que la familia debe contribuir a cuidar, para que sea asimilado y enriquecido de la mejor manera posible; pues, entre más logre transmitir de las tradiciones, las artes, las ciencias y sus desarrollos tecnológicos, mejor habilita a sus hijos para estar en el mundo y vivir la vida.

En consecuencia, abrapalabra invita a la familia a asumir, a conciencia, su dimensión y responsabilidad educativas, de manera que dialectice una academia que lo necesita, pues sus carencias tienen mucho que ver con lo trágico y dramático del mundo contemporáneo.

Debo decir que si bien mi diatriba contra la academia puede parecer fuerte y despertar en Ud la pulsión de guardián del “establecimiento”, respeto muchas cosas de ella y no obstante ser esencialemente autodidacta, le debo mucho de lo que soy y de lo que sé; pero, asumiendo el tema de la salud y la vitalidad del mercado, es necesario poner bajo sospecha una institución donde quien paga, termina muy a menudo, haciendo grandes esfuerzos para ser estafado.

En fín, la invitación es a construir familia edcuativa, que garantice la constitución de una dialéctica con la academia, generadora de una evolutividad que conduzca a lograr mejores condiciones para la realización plena de lo humano.

Esto exige reconocer como valor la libertad; lo que me lleva a advertir que esta propuesta es de familia educativa, no educadora. ¿La diferencia? La misma que hay entre una mujer provocativa y una mujer provocadora.

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