luis fernando ramírez barrero
Candidato al Congreso del Polo Democrático Alternativo
sábado, 18 de octubre de 2008

Creo que el chiste en el juego de la vida es buscar que nuestro mundo sea mejor que el de nuestros padres y el de nuestros hijos mejor que el nuestro.

Ante nuestros hijos tenemos dos responsabilidades:

1. Formarlos para que desarrollen las competencias necesarias para que sean capaces de encontrar su lugar en el mundo y sepan ser felices en él.

2. Dejarles un mundo donde sea posible encontrar un lugar.

En consecuencia, tanto lo educativo como lo político son ineludibles como responsabilidad ante los hijos.

La política es el arte y el juego mediante el cual construimos el mundo que legamos a nuestros hijos.

Arte en el sentido de Nietzsche cuando dice que el gran final del arte es sacudir la imaginación con la fuerza de un alma que no admite la derrota, aún en medio de un mundo que se derrumba.

Juego de acuerdo tambien con Nietzcshe cuando dice que madurez consiste en recuperar la seriendad que de niño se tenía al jugar.

Una buena jugada en el juego de la vida es aquella que maximiza nuestra participación en la construcción y disfrute de lo bello, lo grato y lo justo.

En 1970 siendo estudiante en la Facultad de Ingeniería de la UN, ante el dilema de irme para el monte a vengar al padre Camilo o a “la calle 60” a hipiar, la sonrisa de un alumno que, en una clase privada, me entendió unas ecuaciones fraccionarias, me hizo sentir que eso también era revolución.

Me dediqué, desde entonces, a la educación y a la reflexión pedagógica como una vía para buscar realización en lo político. He buscado ser coherente con tal compromiso tanto como enseñante de matemática y ciencias como también como servidor público ordenador de gasto y definidor de política social, en mi ejercicio como Director del Departamento Administrativo de Acción Comunal Distrital de la Administración Mockus-Bromberg (1995-97), cuando creé y realicè proyectos de pedagogía social como “Obras con Saldo Pedagógico”, Escuela de Tejedores de Sociedad”, “Rebeldes con Cauce” y el primer concurso de "Historias Barriales y Veredales Bogotá Historia Común", entre otros.

Proyectos que mostraron la pertinencia de la pedagogía social para la construcción de una institucionalidad en lo común y lo público que, por su arraigo en los colectivos sociales, constituya por sí misma una fortaleza y vitalidad tal, que se minimice cualquier dependencia del uso de la fuerza para su defensa y sostén; esto promueve la constitución de un cuerpo social competente para habitar de manera libre y soberana nuestro territorio y hacer presencia con sus productos y nuestra cultura en el cada vez más complejo y exigente escenario global.

Lo anterior me ha llevado a postularme como candidato para participar como delegado en el II Congreso Nacional de Polo Democrático Alternativo, espero que quienes sienten afinidad por el pensamiento aquí expuesto y viven en Bogotá me apoyen el próximo domingo 26 de octubre, votando por el número 800 de la lista por Bogotá número 104.

También les quiero invitar a que me acompañen en mi apoyo a la lista nacional número 19, encabezada por el Senador Gustavo Petro.


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Ay Colombia
jueves, 13 de marzo de 2008

Recuerdo hace más de cuarenta años atrás, discutía con mis padres y algunos de sus amigos en torno a los bombardeos en Marquetalia. El pensamiento único imperante en el Frente Nacional, inscrito en uno de los polos maniqueos de la “guerra fría”, satanizaba un grupo de campesinos que en virtud de las dinámicas e inercias de una violencia de más de quince años, promovida desde Bogotá, por Conservadores y Liberales, se organizaba para habitar colectivamente un pedazo de territorio, determinados por la intención colectiva de buscar posibilidades para la construcción de lo socialmente justo.

No se podía ser tolerante con algo que desde siempre responde al anhelo popular de una utopía que por tal no pierde validez y sentido: la construcción de una sociedad que determinada por la necesidad de incluir a todos sus asociados en el disfrute de los beneficios de vivir en sociedad, genere unas condiciones mínimas de seguridad y bienestar que por sí mismas fundamenten y garanticen la vitalidad del todo social.

No, durante mucho tiempo, a la vez que se apostaba al juego de la guerra, se negaba y menospreciaba el problema subestimando su peso y su presencia y recurriendo siempre a un lenguaje peyorativo, discriminate y excluyente, llamándoles “delincuentes”, “malhechores”, “bandidos”, “bandoleros” que las Fuerzas Armadas y de Seguridad del Estado estaban en proceso de suprimir.

El hecho es que con el entrenamiento de tales Fuezas dicho grupo se fortaleció y creció, aprendiendo a aprovechar la complejidad de nuestra geografía y el abandono en que la clase dominante ha tenido a nuestra sociedad, en especial a su población rural.

Cuando el problema buscó rutas políticas se eliminó su expresión a sangre y fuego, llenando de mártires el imaginario de quienes soñamos con la utopía de una sociedad incluyente y justa, donde se maximicen las posibilidades de realización de las personas.

Hoy el establecimiento aun persiste en la negación: “aquí no hay conflicto”.

Pero, definitivamente, la vida da una lección tantas veces como sea necesario y cada vez de manera más categórica y dramática: hoy, el conflicto es internacional. La guerrilla colombiana, las más vieja del mundo, está logrando algún apoyo y reconocimiento político más allá de nuestras fronteras.

Constituimos, en el mundo, una penosa visibilidad que nos muestra como una sociedad que no ha logrado tomar las riendas de su propio destino para habitar su territorio de manera libre, soberana y vital; somos, regionalmente, un dramático factor desestabilizante.

El problema no puede reducirse a las FARC, que reconozco como demenciales. Hay que tener claro que éstas son el fruto de un persistente y torpe manejo, de varias décádas, por parte de la sociedad y del Estado.

Es similar a lo que eventualmente ocurre con el cinturón de seguridad de un carro: si se opera con fuerza, éste no responde y se resiste más; se requiere de la aplicación de una fuerza sutil e inteligente.

Personalmente estuve a punto de vincularme al ELN en 1970. Estudiaba Ingeniería en la Universidad Nacional y, como hoy, daba clases privadas de matemáticas. La sonrisa de un alumno que me entendió una ecuaciones fraccionarias me hizo sentir que éso también era revolución. Desde entonces soy un traficante de sueños e ilusiones, invitando a mis alumnos a crecer y mantener viva la necesidad de comprender su ser y su mundo desde su propio entendimiento. Me dediqué a la pedagogía y, por la manera como “el establecimiento” se resiste y castiga mis propuestas, estoy cada vez más convencido de que el núcleo de nuestro problema se encuentra en la manera como estamos educando, en la manera como estamos habitando el relevo generacional.

Ya son muchos los años en que a nombre de una seguridad cada vez menos segura, capacitamos miles de jóvenes para la guerra antes que para labores comprometidas con la vida. Es mucha la maldad que sembramos persiguiendo a los malos. Hay que tener presente que los jóvenes son como el agua que si se le encauza produce luz, si no, produce estragos.

Como servidor público, ordenador de gasto (1995-97), puse en evidencia la operatividad de una “pedagogìa social” pertinente ante nuestra circunstancia, con proyectos como Obras con Saldo Pedagógico y Escuela de Tejedores de Sociedad entre otros, he buscado complicidades para hacer cosas sencillas como democratizar la cuatro operaciones y la lecto-escritura, pero mi sociedad está demasiado ocupada persiguiendo a los malos para apostarle a estas “ingenuidades románticas”.

La circunstancia que vivo en el presente, en buen grado como cuenta de cobro por mis realizaciones como servidor público, no me permitiría decir que quienes habitan las esferas del poder estén dispuestos a abrir espacios para procesos de cambio deseables y necesarios, por lo que me parece un tanto ingenua e hipócrita la actitud de echarle la culpa de todas nuestras desventuras a “los malos”.

El despliegue de energía social, en impotente actitud de lamento y reclamo, que por décadas han presenciado la carrera 7ª y la Plaza de Bolivar de nuestra Capital, habrían dado para viajar a otras galaxias y volver. Un pueblo cada vez más jodido, repite cual autómata estribillos como el el “el pueblo unido jamás será vencido”.

La alienación del sujeto humano, que tiene algo que ver con nuestra problemática, no se resuelve disolviéndolo en una masa catártica y apasionada, que impotente protesta contra una realidad que hemos construido entre todos, de manera terca y paciente. Aunque históricamente han producido efectos las manifestaciones masivas, creo que la época exige jugadas en las que se maximicen las posibilidades de expresión y realización de las singularidades de los sujetos participantes y su articulación en memoria e inteligencia colectiva.

Sería mejor empeñarse en la construcción de unas instituciones, sociales, políticas y económicas, que por su sentido y pertinencia garanticen la vitalidad del cuerpo social de modo que no se requiera, en demasía, del uso de la fuerza para su sostenimiento, crecimiento y desarrollo. Fue lo que propuse con mis proyectos de “pedagogía social” y ha sido menospreciado y castigado. Por eso no creo que la culpa sea de las FARC sino de una sociedad cuya clase dominante no sabe soñar, que no sabe apostarle a la construcción continua, paciente y cotidiana, del mundo que legaremos.

Para la celebración próxima de los sesenta años del asesinato de Jorge Eliecer Gaitán, propongo que se habite el tiempo que desde hoy le precede, rumiando colectivamente, comunitariamente, en familia, en los medios, lo acaecido en Colombia desde entonces.

Es deseable que la celebración sea más reflexiva que explosiva, más deliberante que beligerante, de manera que nuestra sociedad cualifique los niveles de comprensión de los vivido y de la manera como hemos llegado a la circunstancia presente; única manera de encontrar posibilidades para salir del tenebroso callejón sangriento en el que nos encontramos atrapados.

Es necesario nutrir y estimular la memoria social y expresar, el próximo 9 de abril, mediante la lúdica, la poesía, el cuento, el teatro, la pintura y el grafiti, el fruto de la reflexión sobre lo vivido, de manera que se favorezca la emergencia y desarrollo de una inteligencia colectiva que logre discernir nuestra condición y circunstancia.


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